(Argentina) Ya no hacen falta ni rejas, ni personal de seguridad con palos, ni fieros perros guardianes, ni vistosos y ruidosos sistemas de alarma que rodeen su casa. Sólo un pequeño lector de huellas dactilares asegura que, a punta de tecnología, nadie será capaz de dar un paso al interior de su vivienda si no está plenamente identificado.
Así, en vez de llaves que se pierden, son robadas, copiadas o adulteradas, cada habitante de la casa simplemente tendrá que poner su dedo índice, único e irrepetible, para que las puertas se vayan abriendo una a una como por arte de magia. Una casa inteligente que reconoce a sus dueños.
Quien no tenga sus huellas previamente registradas no podrá entrar a no ser que alguien desde adentro le permita ingresar. Un sistema que parece simple a la vista, pero tan complejo en términos técnicos que es totalmente invulnerable.
Lo que hay detrás de este sistema se llama biometría y se resume como la ciencia que estudia las características físicas que son únicas en la persona, como el reconocimiento de voz, el iris, los rasgos faciales y, lo más popular, las huellas digitales. Las ventajas de las yemas del dedo por sobre las otras técnicas biométricas son prácticas: la tecnología de implementación es más simple, notoriamente más barata y las huellas además son imborrables, cuantificables y tienen una tasa de seguridad cercana al 99,9998%.
Es importante tener en cuenta que los sistemas biométricos incluyen un dispositivo de captación y un software biométrico que interpreta la muestra física y la transforma en una secuencia numérica. En el caso de reconocimiento de la huella digital, en ningún caso se extrae la imagen de la huella, sino una secuencia de números que la representan.
Antes la empresa, ahora la casa.
Hasta ahora eran aplicados mayoritariamente en empresas, para el control de empleados o acceso a zonas restringidas de una compañía, pero la masificación de la tecnología biométrica y el abaratamiento de los lectores de huella digital permiten que poco a poco vaya tomando terreno en los hogares, ya sea en casas o en el acceso a edificios.
Según algunos estudios, más del 70% de los robos cometidos en viviendas se producen por la puerta principal, mientras que el 20% de los delincuentes entra por las ventanas y un 8% por otras puertas.
Es difícil que en el futuro sigamos usando las actuales llaves de metal para abrir una puerta. La pregunta- como con toda tecnología nueva- es cuándo se masificará, aunque la historia nos ha demostrado que las tecnologías se adoptan con relativa rapidez en términos históricos. Los early-adopters, que son quienes siempre incorporan la tecnología a su vida en primer lugar, ya cuentan con nuestros productos de
biometría hogareña desde finales de 2005 en Argentina y Uruguay.
Actualmente en Asia, Estados Unidos y Europa existen soluciones biométricas totalmente operativas para el mercado de casas de lujo, y especialmente en un contexto social de alta tecnología, donde impera el concepto de «high tech» o ultra tecnológico. El primer paso a la biometría casera son las «cerraduras biométricas», que se venden fundamentalmente en Estados Unidos y Europa.
Estas son modernas cerraduras que se instalan en la puerta y que, junto con la manija o picaporte, tienen un lector donde el usuario debe poner su dedo (previamente registrado en el sistema). Sólo entonces las puertas se abren. En el caso de querer borrar a alguien que usualmente tenía acceso, como personal de servicio desafectado, se borra la huella registrada y ya no hay llave alguna que le permita entrar. Eso evita tener que cambiar las cerraduras cada vez que alguien que ya no cuenta con la confianza de la casa, y se teme puede haber sacado copias de las llaves.
Empresas como Tekno Homes ofrecen distintos modelos de cerraduras biométricas que no requieren recordar contraseñas. Los precios van desde los 390 dólares, y se pueden usar tanto en casa como en pequeños negocios. Dependiendo del modelo, guardan desde 120 huellas hacia arriba y cuentan con distintos niveles de seguridad y funcionalidad. Todos los datos de las huellas digitales almacenadas no serán arruinados o perdidos si falla la energía, ya que no requieren conexión eléctrica (utilizan pilas AA que duran cerca de 12 meses).
El acceso es mucho más rápido que con una llave convencional y la puerta se abre en menos de un segundo al leer la huella digital. Además, cuentan con un sistema anti- vandalismo: si alguien supera cierta cantidad de intentos fallidos, se bloquean por un periodo de tiempo. Luego se activa una alarma y se doblan las medidas de seguridad.
Mariano Rubinstein, presidente de TeknoHomes.
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